jueves, 17 de mayo de 2018

El Ocaso de la Country House: Recomendaciones para Downties necesitados



No solo Julian Fellowes se ha interesado en el Horse&Manor. En mi entrada anterior, mostré lo que la literatura ha hecho con el género, pero en las últimas décadas, otros literatos serios le han entrado al tema también . Su visión de las casonas señoriales del periodo de entreguerras es muy diferente al mundo de la Abadía de Downton. Tanto el premio Nobel Kazuo Ishiguro y el reconocido novelista Ian McEwan nos muestran la decadencia de la country house paralela a la de sus habitantes.

The Remains of the Day

 En esta novela, Kazuo Ishiguro hace una declaración lapidaria en contra del sistema de la casona, de los aristócratas y su relación con los criados. Nacido en Japón,  pero criado en Inglaterra, el autor no tiene la cercanía de Fellowes, Waugh y otros admiradores de este género. Eso le permite, desde su distancia emocional,  desenmascarar al mito y ver sus aspectos negativos.

La trama está narrada desde un solio punto de vista, el del mayordomo Stevens, un hombre tan devoto de su deber que a su lado Carson y Hudson parecen traidores. Stevens es tan leal a su patrón, Lord Darlington, que ni su padre moribundo lo hace faltar a sus obligaciones. Hijo de un mayordomo que ahora debido a su edad , solo puede ser lacayo, Stevens está totalmente dedicado a un deber que cree concluirá solo con su muerte.  Como la Nanny Hawkins de Brideshead Revisited, el mayordomo se siente parte de Darlington Hall, y cuando ésta es comprada por un americano, Stevens permanece en su puesto

En esta obra vemos lo que pasó con las grandes mansiones después de la Segunda Guerra Mundial. Hubo una ‘época en que Darlington Hall recibió las visitas de primeros ministros y otros importantes políticos del Reino Unido y Europa. Entonces el servicio doméstico estaba compuesto por mucha gente. Ahora Stevens comanda solo cuatro sirvientes. Cuando recibe una carta de Miss Kenton, la ex ama de llaves, Stevens decide ir en su búsqueda para integrarla al staff. Inicia entonces un viaje en el que se encontrará con diferentes personas que lo harán cuestionar la validez de su vida.

En 1993,  aprovechando la química que Sir Anthony Hopkins y Dame Emma Thompson habían desplegado el año antes en “ Howard End”, la mancuerna mágica de Ismail-Merchant decidió volver a contratarlos ahora para la  adaptación de la novela de Ishiguro que se había convertido en un bestseller después de ganar el Booker Price en 1989. El guion de Ruth Prawer Jahabvala se mantiene apegado al texto con solo dos grandes cambios.

El primero es otorgarle nombre a Stevens (James), el segundo concierne al personaje de Jack Williams (Christopher Reeves) un congresista estadounidense que visita  Darlington Hall en 1936 (no en 1923 como dice el libro). Escandalizado ante las ideas de su anfitrión y otros invitados,  el americano se manda un discurso en la mesa en el  que apostrofa los presentes por ser amateurs en la arena política y porque su irresponsabilidad provocará una nueva guerra mundial.  En  el libro,  Darlington Hall es comprada por un tal Mr. Faraday. En el film, años más tarde Mr. Lewis regresa a la propiedad para convertirse  en su dueño y  patrón de Stevens.

Otras Horse&Manor mencionadas hacen eco de la política de la época. En sus visitas a Brideshead , ahora como amante oficial de Julia, Charles tiene la ocasión de oír conversaciones sobre la política del momento y el miedo a una próxima guerra. Rex Mottram, después de todo, es un miembro del Parlamento, por lo que los asuntos del  gobierno le competen. De igual manera, Richard Bellamy en “Upstairs, Downstairs” es miembro de la clase política y trae a cenar a importantes figuras del gobierno incluyendo al Rey Eduardo. En” Downton Abbey” vimos a Neville Chamberlain venir a cenar a la Abadía (la noche en que a Robert se le ocurrió vomitar sangre sobre el mantel), pero el Chamberlain de los Años 20s no es el mismo Primer Ministro que Stevens conocerá en “The Remains of the Day”.

Lo mas extraordinario de libro y filme (y mas en pantalla donde prima lo visual) es como todo el aparato de la  country house, las cacerías, las house parties, las grandes cenas, y el servicio doméstico,  el  engranaje fundamental para mantener este modo de vida,  transcurren sobre un trasfondo ideológico que afectará al mundo. Esa es la gran diferencia de The Remains of the Day, con otras obras parecidas.  Ishiguro ha usado un género inconsistente, gentil,  casi frívolo para expresar el desdén hacia una clase aristocrática que colaboró con el nazismo.

En el filme no solo vemos a Lord Darlington (James Fox) ser un entusiasta seguidor de políticas de apaciguamiento, para lo que presta su country house para que se celebren reuniones entre Lord Halifax, Chamberlain y el Embajador de Hitler,  Joachim von Ribbentrop. En su credulidad e ingenuidad política, Darlington simpatiza con el fascismo inglés,  recibe a fascistas reales como Oswald Moseley y a ficticios como Lady Carolyn.

Darlington es fácilmente manipulado por fuerzas que no llega a comprender. Lo cierto es  que su conservadurismo lo hace ser contrario a la educación y elevación de clases que considera inferiores e indignas de compartir con la aristocracia el manejo del reino. Por eso permite que su amigo Spencer humille a Stevens.

 A pesar de que Cardinal (Hugh Grant), ahijado de Darlington, intenta forzar a Stevens a tomar partido y a cuestionar la política de su empleador, el mayordomo siente que no le corresponde hacerlo . Cuando recordamos todas las intromisiones de Carson en la vida de los Crawley, y eso que era tan anticuado como Stevens, el personaje de Sir Anthony resulta casi repelente en su pasividad.  Con quien si  es exigente es con el servicio bajo sus órdenes. No le gustan los cambios y al comienzo,  choca con Miss Kenton (Emma Thompson) porque el ama de llaves trata de modernizar las cosas en Darlington Hall.

Un momento clave de la obra es cuando Lord Darlington exige el despido de dos refugiadas alemanas porque no puede tener mucamas judías. Este despido es una condena a muerte. Las chicas al no tener empleo serán deportadas  a la Alemania Nazi. Stevens,  pasivo hasta la criminalidad,  se prepara a cumplir la orden. Miss Kenton,  enfurecida,  amenaza con abandonar su puesto. Al final, se queda porque no tiene donde ir. Es ahí donde uno desearía que entre el servicio hubiese una Daisy que les cantase las cuarenta a los patrones.

Se entiende que poco después, Miss Kenton acepte la primera proposición matrimonial  que recibe para huir de ese lugar. Darlington Hall no es un espacio cálido como Downton. Miss Kenton ha quedado defraudada tanto por su empleador como con  Stevens, a quien ama en silencio.  Después de la guerra, Lord Darlington es expuesto en la prensa como un simpatizante nazi. La vergüenza acelera la senilidad del aristócrata quien muere demente. Regresa Mr. Lewis y compra Darlington Hall. Stevens permanece en su puesto ya que nadie como  él para manejar la casa.
Dryham Park que hace el papel de Darlington Hall

El final es agridulce. Se produce el  encuentro del mayordomo con Miss Kenton. Ella  reconoce haber amado a Stevens, y tener problemas con su marido, pero jamás volvería a Darlington ni al servicio doméstico. Ha hecho su vida en el mundo real, va a ser abuela, eso es lo que Stevens no tiene y ya no tendrá jamás, una familia.

“Downton Abbey” acaba en 1925, no sabemos cómo afectarán a la Abadía los cambios políticos de los 30s. Eso es algo que vemos en los libros de Nancy MItford. Nos preguntamos si los Crawley serán antifascistas como Linda Radlett y su hermano Matt, o nazis como Unity y Diana MItford. Los Mitford no serían los únicos en Inglaterra en admirar a Hitler. A fines del 2010 se intentó revivir “Upstairs, Downstairs” aunque solo Eaton Place y la fiel Rose quedaran de la original. La nueva serie estuvo muy teñida del color político como corresponde a una historia que tiene lugar en Londres a fines de los 30s.

Como no la he visto (YouTube la vende)no puedo recomendarla, pero sí sé que la incomparable Claire Foy interpreta a Lady Persy, cuñada de la nueva dueña de Eaton Hall, una criatura petulante, promiscua y fascista, miembro de las Camisas Negras de Mosley.
Claire Foy en niforme de la Unión de Fascistas Británicos


Atonement

Ian McEwan es considerado el dueño de la mejor prosa de la literatura inglesa moderna y ciertamente se nota en su aclamada Atonement, una visión muy diferente de la country house. Para quienes no hayan leído uno de los bestseller de la década pasada o visto la adaptación fílmica de Joe Wright, aquí les va un rápido resumen.

Robbie Turner (James McEvoy) es un brillante estudiante  de Cambridge, quien sueña con convertirse en médico. El problema es que en la clasista Inglaterra de los 30s, Robbie sigue siendo hijo de criados, cuyo patrón, Jack Tallis, le ha pagado los estudios. En el verano de 1935, Robbie regresa a la mansión Tallis (no tiene nombre) en la zona rural a visitar a su madre.

Su situación es extraña porque no está cómodo en la cocina, pero tampoco en el salón. Quien más lo hace sentir fuera de lugar es Cecilia Tallis (Kiera Knightley) la hija mayor quien secretamente está enamorada de Robbie. Otra enamorada del estudiante es la preadolescente Briony (Saoirse Ronan), la hermanita menor de Cecilia. Celosa de las atenciones de Robbie con Cecilia, Briony que tiene una poderosa imaginación  y sueña con ser escritora,  comienza a vigilarlos.

Cecilia está obsesionada con conocer a Paul Marshall, un industrial que su hermano va a traer a pasar el fin de semana en Tallis House. Para  que la casa se vea bonita, llena de flores los jarrones. Una estúpida discusión con Robbie acaba con un antiguo florero roto y parte de el en el fondo de la fuente del jardín. Provocativamente, Cecilia se quita la ropa, y en lingerie se zambulle en la fuente para recuperar el pedazo de jarrón.



Briony presencia esa escena y cree que Robbie “domina” a Cecilia y que la ha obligado a desvestirse.
Robbie le escribe una carta a Cecilia disculpándose y declarándole su amor en términos que bordean en la obscenidad. Le pide a Briony que la entregue. La niña lo hace,  pero antes la lee. A pesar de la ignorancia e inocencia de sus cortos años,  Briony reconoce que se trata de una carta impropia.

Ese fin de semana, además de Paul Marshall,  también están de visita los primos de Briony,  Lola (Juno Temple)  y los mellizos Pierrot y Jackson. Lola,  a sus quince años, se viste y pinta como si fuera una adulta. Briony le muestra la carta y Lola se refiere a Robbie como un “maniático sexual” Esa noche Briony encuentra a Robbie y a Cecilia haciendo el amor, pero a los ojos de la niña su hermana ha sido atacada.

Esa misma noche, los mellizos desaparecen. Todos,  incluyendo a Lola y a Briony salen a buscarlo. En el bosque, Briony ve a un hombre violando a Lola. Cuando se acerca,  el atacante huye. Lola dice no haber reconocido a su violador. Aunque Briony sabe que se trata de Paul Marshall (Benedict Cumberbatch) , convence a su prima que quien la ultrajó fue el maniático Robbie.

Briony va más lejos y entrega la carta de Robbie, como evidencia, a la policía. Con eso, arrestan y encarcelan a Robbie. Las únicas que le creen son su madre y Cecilia. Esta ultima rompe con su familia y se marcha a Londres jurando que esperará a Robbie. Sigue un periodo en que los amantes se comunican por carta. Paul Marshall se casa con Lola para asegurarse que su víctima nunca declarará en contra suya. Robbie sale de la cárcel al estallar la Segunda Guerra Mundial tras prometer que ingresará  al ejército.
El violador se casa con su víctima

La novela tiene una estructura compleja. Solo casi a la mitad descubrimos que se trata de un relato que Briony, ahora anciana y en un asilo (e interpretada por Vanessa Redgrave), está escribiendo. Su relato tiene dos finales diferentes. En uno , Robbie regresa a Londres, tras sobrevivir Dunquerque, y se reencuentra con Cecilia que ahora es enfermera. Briony también ha llegado a Londres a trabajar en un hospital. Visita a su hermana y a Robbie y les pide pedon.En otro final, Robbie muere de septicemia en las arenas de Dunquerque.

Atonement podría ser considerada la “anti-Downton Abbey” una obra en la que se tergiversan todas las características  que componen la serie de Lord Fellowes. Por eso la he incluido. Ian McEwan no es un noble como Fellowes y Nancy Mitford no es un esnob como Evelyn Waugh, es un escritor de clase media que usa las clases altas como bases de una fabula sobre la injusticia social.

Sin embargo, hay que reconocer la importancia del que los Tallis nada más sean burgueses acomodados. Su casona fue construida por el bisabuelo que hizo su fortuna fabricando candados en la era victoriana. Los Tallis no son aristocracia antigua como los Crawley, aun así son tremendamente clasistas. Hay toda una discusión sobre si Robbie debe cenar con la familia o con los criados. Cecilia y Robbie son estudiantes en Cambridge, pero nunca se ven ni se tratan cuando están en la universidad. A pesar de que el padre de Cecilia (una presencia constantemente ausente en la novela) ha pagado por los estudios de Robbie, eso no cambia ni su posición ni la de su madre.


La Señora Turner es la jefa de servicio de Tallis House. Un servicio ínfimo comparado con el de las casas de las que hemos hablado. Solo tenemos a Betty la cocinera y un par de empleados periféricos que trabajan en las afueras de la casona. Antes,  los Tallis tuvieron un jardinero, el padre de Robbie, que desapareció, posiblemente en la Gran Guerra.

Desde entonces, el señor Tallis movido a compasión por el  huerfanito,  se ha ocupado de Robbie. Una compasión que entenderían los Crawley, pero no el resto de los Tallis que no aprueban que Robbie suba en la escala social y por eso ayudan a su caída. Solo Cecilia deja que el amor sobrepase su clasismo y apoya a Robbie tal como hizo Lady Sybil con Branson, enfrentándose al mundo y a su familia.

Al momento de las comparaciones, no se puede evitar que los Crawley se vean más justos y tolerantes que los Tallis, los nuevos ricos de nariz parada que si uno les quita el barniz,  vuelven a ser cerrajeros. Ellos representan una clase de gente que compra el poder (y hasta títulos) y que ahora gobierna  Inglaterra como una vez lo hizo la aristocracia y que no hace un mejor trabajo. Paul Marshall representa todo lo feo de esta raza de dueños,  de fábricas que desean una guerra para enriquecerse sin reparar en la pérdida de vidas humanas.

Curiosamente, en “Downton Abbey” tuvimos una polémica violación, pero la perpetró un criado de un aristócrata invitado y fue en contra de otra criada, Anna, doncella de Lady Mary. En casa de los Tallis es un invitado de la familia quien ultraja a una miembro de esa misma familia. El que Lola solo tenga quince años y que sea asaltada justo cuando está buscando  a sus hermanitos son circunstancias agravantes.
Greene violó a Anna en la despensa de Downton.

La reacción de los Tallis, inmediatamente creyéndole a Byrony que saben es fantasiosa, rechazando a Robbie, tomando el lado contrario de un hombre que es hijo de una fiel criada, contrasta con los Crawley. Cuando Bates es sospechoso de haber matado al hombre que ultrajó a su mujer, Lady Mary quema las evidencias que pueden acusarlo. Cuando Anna es acusada del mismo crimen, sus patrones la apoyan. Incluso le ponen un abogado, como también le pusieron un abogado a Bates cuando fue acusado de matar a su primera esposa.

No solo  los Crawley han amparado a los Bates cuando estos tropiezan con la ley. Recordemos como Robert impidió que se acusara a Barrow de ser homosexual, un crimen en la Inglaterra de entonces. Y Lady Cora no solo conservó en su puesto  a Baxter, aun sabiendo que tenía un prontuario, además la apoyo cuando su doncella mostró la inclinación de testificar en contra de un ex cómplice.
Lord Grantham y Carson convencen a Jimmy que no denuncie a Barrow

 Los Crawley tienen esa actitud feudal de preocuparse tanto por sus criados que están dispuestos a esquivar la ley con tal de protegerlos. Eso los hace mejores que estas clases altas de Atonement que a pesar de sus ínfulas no valen nada. Parece justo castigo que  su casa termina convertida en un hotel.

Con esto cierro mi lista de relatos similares a “Downton Abbey” A muchos les sorprenderá que en este recorrido no haya mencionado a “Gosford Park”.  Admas de ser mi favorita,  también es creación de Julian Fellowes. Al estar emparentada con “ Downton Abbey” , Gosford tendrá una crítica aparte. Eso sí,  tendrá que esperarse un poco,  que lo que resta de mayo quiero dedicarlo a una de mis escritoras favoritas, Louisa May Alcott, y si D-s me lo permite, comenzar a comentar “La Otra Mirada”, la serie de época de TVE, que me tiene enganchada.





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