miércoles, 25 de junio de 2014

Juego de Tronos en Los Hamptons: el glamur de la venganza de Revenge


Faltando (aquí en América Latina) únicamente dos capítulos para el cierre de su tercera temporada, recién caigo en cuenta de que nunca he escrito una palabra sobre “Revenge”, la serie que me ha enganchado este año.  Es hora de remediar ese desliz así que partamos rumbo a Long Island para ver una clásica historia de poder y venganza, situada en un marco ultra contemporáneo.

La serie de ABC fue vendida inicialmente como un “Conde de Montecristo” moderno y con faldas. Aunque ciertamente califica como lo que en el mundo de telenovelas se conoce como “novela de retorno y venganza” también  sus batallas entre poderosos que se manejan como peones en tablero de ajedrez, se asemejan al tema central de “Juego de Tronos”. En “Revenge” las grandes firmas toman el lugar de Los 7 Reinos; el mundo del jet set reemplaza a cortes de reyes usurpadores; y la protagonista descubre, como Oberyn Martell que la venganza puede ser peligrosa para el vengador.

Como no me apetecía ver otra versión de “Montecristo”, aunque se tratase de una “Condesa”, no le presté mucha atención en las primeras temporadas, pero tras la muerte de la “verdadera” Emily comencé a verla intermitentemente. A partir de su equivalente a La Boda Púrpura no puedo dejar de seguirla. ¿Qué tiene “Revenge” que la hace superior a otras historias de revancha?


Comencemos por el entorno geográfico que tanta influencia tiene sobre la trama. Se llama Los Hamptons a una zona de Long Island en Nueva York. Un grupo de aldeas   costeras que por casi cien años han sido  el balneario predilecto y la colonia de la alta sociedad neoyorquina. En Los Hamptons vive El Gran Gatsby de la ficción, y las excéntricas, pero muy reales, protagonistas de “Grey Gardens”.  “Revenge” nos mete en la piel de esos ricos y famosos  y no sentimos envidia de ellos, porque si todos los habitantes de Los Hamptons son tan retorcidos, nocivos y desdichados como Los Grayson, mejor seguir con nuestra tranquila y humilde existencia.

La Reina Victoria en la torre de palacio

Los Grayson son un clan que  combina pedigrí con empresas millonarias. Son tan ricos y poderosos como Los Lannister de “Juego de Trono”, y como ellos demuestran la verdad de ese viejo adagio telenovelero que los ricos también lloran, pero también hacen llorar a los demás. La matriarca de la familia, y reina de los Hamptons, es Victoria Grayson (Madeleine Stowe) que no tiene nada que envidiarle a Cersei Lannister, ex regente de Los  7 Reinos.

 Como Cersei, Victoria es hermosa y sabe manipular a los hombres. Le gusta sentirse victima, resiente las infidelidades del marido, pero las corresponde. Si Cersei mató a Robert,  Victoria también es una viuda negra que ya ha provocado la muerte de los padres de dos de sus hijos y aunque jura amar a su prole, como Cersei, solo sabe hacerlos infelices y fomentar sus peores defectos.

Vicotria y su hija menor


En las últimas temporadas de Juego de “Tronos” hemos visto la rivalidad de Cersei con una reina más joven y lista que ella, su nuera (por partida doble) Maergery Tyrrel. También Victoria se lleva enfrentando dos temporadas a una mujer que por un breve tiempo fue su nuera, una mujer que también quiere derrocarla. A diferencia de Maergery, Emily  (Emily van Camp) tiene un motivo más fuerte para destruir a Victoria y a su familia: la venganza. En ese sentido, Emily es más Sansa que Maergery.




La diferencia entre Victoria y Cersei radica en su pasado. Aparentemente Mrs. Conrad Grayson es el epitome de la sofisticación: puede reconocer al diseñador con solo ver un vestido, sabe que vino va con que plato; y es una experta en arte pictórico. Sin embargo, esta dama tres chic una vez fue simplemente Vicky Harper, hija ilegitima de una mujer promiscua y arribista que le enseñó que la cama es el mejor peldaño para escalar en la sociedad.

Tras  descubrir a su novio abusando de su hija, Marion Harper (Adrienne Barbeau) expulsa a Vicky de solo quince años de su hogar. La chica termina siendo violada y embarazada por el electricista Jimmy Brennan. Vicky trata de combinar la maternidad con sus estudios de arte, pero cuando consigue una beca para estudiar  en Paris, la adolescente se da cuenta que su hijo Patrick es un estorbo y lo abandona en una iglesia.
Vicky y Patrick


En Paris, Vicky se enamora de Pascal LeMarechal (Olivier Martínez), pero las infidelidades de su amante la hacen regresar a Estados Unidos. Unos años mas tarde, ya es Victoria Harper vendedora de obras de artes (la mayoría falsificadas por su amante de turno). Como esa línea de trabajo no es lo suyo, Victoria se las arregla para darle el golpe de gracia al matrimonio de Conrad (Henry Czerny) y Stevie Grayson (Gail O’Grady), quedándose con el marido.

El Matrimonio Grayson


Ni convertirse en una respetable millonaria, ni el nacimiento de un hijo legitimo, Daniel, logra traerle la felicidad a Victoria. Las infidelidades de Conrad, la empujan a la cama de David Clark (James Tupper) , su vecino y empleado de su marido. David será el segundo gran amor de Victoria y el padre de Charlotte (Christa B. Allen), a la que hacen pasar como hija de Conrad.


Conrad, a pesar de su aristocrático linaje, tiene hábitos de mafioso. No contento con dirigir Grayson Global se dedica al lavado de dinero junto a unos terroristas. Cuando sus socios vuelan un avión lleno de pasajeros, el asustado Conrad decide incriminar a David. La misma Victoria, temerosa de perder lo conseguido, ayuda a encarcelar injustamente al padre de su hija. En un lujo de crueldad, consigue que a la pequeña Amanda Clark la separen de su padre y la entreguen en adopción.
Amanda y su padre


Pasa el tiempo. Victoria lo tiene todo, menos felicidad conyugal, pero eso no la perturba. Lo que si la inquieta es que la antigua casa de los Clark ha sido rentada por una misteriosa millonaria llamada Emily Thorne, de la que solo se sabe que es muy rica y que se dedica a obras filantrópicas.



Victoria tiene motivos para inquietarse. Desde que Emily ha entrado en su vida ocurren desgracias como que Conrad anuncie públicamente que su mujer le es infiel y que Charlotte no es su hija, o que Patrick (Justin Hartley) , el hijo perdido de Victoria, irrumpa en su vida. Lo peor es que Emily está decidida a llevar a Daniel (Josh Bowman), el príncipe heredero de los Grayson, al altar.



Tras tres años de combatir, rivalizar, e incluso aliarse con Emily, Victoria siempre la ha creído una ambiciosa advenediza. Solo recientemente ha empezado a sospechar que hay un motivo más intenso por el cual Emily se ha interpuesto en su camino, pero le es difícil asociarla con Amanda Clarke quien supuestamente murió en una explosión provocada por el mismo Conrad.

Muerte de la verdadera Emily


Le falta a Victoria saber que la muerta era la verdadera Emily Thorne y que la mujer que fue su nuera por un breve tiempo, es la hija de David Clarke. Amanda era una niña cuando el FBI se llevó a su padre. Siempre se creyó huérfana de madre. En realidad, Kara (Jennifer Jason Leigh), su mamá estaba en un manicomio después que casi mató a su hija, Tas el arresto de David, la pequeña Amanda es separada de todo lo que quiere, su padre, su casa, su perro, y Jack Porter,  su amigo de la infancia. Termina con una horrible madre adoptiva y es acusada injustamente de iniciar un incendio. Su próximo destino será la correccional. Ahí conocerá a Emily Thorne (Margarita Levieva)con quien formará una profunda amistad.



Al cumplir la mayoría de edad, Amanda es puesta en libertad. Ese mismo día conoce a Nolan Ross (Gabriel Mann), excéntrico millonario y genio de computación. Ross fue protegido de David Clark y se siente en deuda con la hija de su mentor. Aunque la agresiva Amanda lo recibe a golpes finalmente Nolan la convence de la inocencia de David y de que acepte su ayuda. Amanda  entonces se crea una meta, limpiar el nombre de David Clark y destruir a quienes destruyeron a su familia.



Primero (y esto recuerda a “Kill Bill”) Amanda viaja al Japón a la “escuela de venganza” de Takeda, experto en artes marciales que entrena a quienes buscan hacer justicia por su propia mano. Es ahí donde Amanda encontrará a Aidan Mathis (Barry Sloane) el amor de su vida. Tras el entrenamiento, Amanda regresa a los Estados Unidos, y de común acuerdo, intercambia identidades con su antigua compañera del reformatorio. Bajo la identidad de Emily Thorne,  Amanda descubrirá que la venganza es agridulce, difícil de conseguir y que muchas veces  su empeño de hacer caer a criminales poderosos como los Grayson la tendrá al borde de convertirse en una criminal.

Takeda

Aidan


A medida que Emily se interna en la alta sociedad de Las Hamptons va registrando las bajezas de ese mundo. Los Grayson tienen un pasado sucio, lleno de delitos, y una estela de gente que busca cobrarse sus malas jugadas. Uno de ellos es Jack Porter (Nick Weschler), antiguo amiguito de Amanda Clark, quien ahora regenta el bar de su padre y quiere vengar la muerte de su hermano provocada por,…ya saben. Los Grayson.

Conrad y Victoria son letales y amenazadores tanto para Emily como para sus ayudantes. El mismo Nolan, quien es incondicional de la vengadora, cae en la cárcel debido a una trampa de los Grayson. Las cosas se complican cuando la verdadera Emily Thorne debe refugiarse con su amiga. Desde el momento que ha elegido ser Amanda Clark, la verdadera Emily está marcada tanto para ser amada por Jack, quien nunca ha olvidado a su amor infantil, como para ser ejecutada.

Jack y "Amanda" en el bautizo de su hijo Carl


Amanda pasará muchas peripecias antes de casarse con Jack. Quedará embarazada, caerá en coma, cortesía de Victoria, descubrirá que  "su madre" vive  y firmará su sentencia de muerte al involucrase en la vendetta de su amiga. Voy a dejar aquí el resumen de “Revenge”, porque de la tercera hablaré en su momento cuando cierre esta temporada. Basta saber que aunque este fue el año en que Emily/Amanda consiguió su objetivo de convertirse en la esposa de Daniel,  el precio ha sido altísimo y todavía faltan dos capítulos en los que todo puede ocurrir.



Como ya lo mencioné,   “Revenge” tiene una estructura parecida al subgénero “retorno y venganza” y recuerda a las grandes telenovelas de José Ignacio Cabrujas (“La Dueña”, “La Dama de Rosa”, “Señora” y “Nada personal”) todas inspiradas en El Conde de Montecristo.“Revenge”  es una serie glamorosa, que nos lleva a los antros de los ricos y famosos, posee el vestuario mas elegante de la televisión actual, y nos muestra los entretelones de  como operan editoriales, revistas, galerías de arte y hasta empresas mediáticas ahora que Conrad Grayson está jugando a ser el nuevo Ted Turner. Es en estos sitios, casi tan peligrosos como Los 7 Reinos, donde se juega esta versión del “Juego de Tronos”.

Modas de Revenge


Ahora toca habla del reparto. Aunque todos son competentes, cuatro actores destacan.



 Emily van Camp, a quien conocía por su Rebecca Harper de “Cinco Hijos”, ha madurado mucho en lo actoral. La canadiense compagina su escultural belleza con un calibre histriónico que hasta en sus peores momentos nos hace querer y comprender a su personaje. Henry Czerny crea un Conrad Grayson diabólico, pero entretenido y hasta cómico. Czerny logra con este papel borrar de mi mente la imagen del sacerdote pedófilo de “The Boys of St. Vincent”,  que ni su Duque de Norfolk en “Los Tudor”, me hizo olvidar.


Recordaba a Gabriel Mann como  el instructor de equitación de Betty Draper en “Mad Men” pero su Nolan Ross es un personaje digno de un cuadro de honor. Nolan es uno de esos magnates de computación que salen en las portadas de Forbes. Mitad hacker, mitad niño-genio, abiertamente bisexual y dotado de un humor acido, es también altruista y no solo con su “Ems” sino con cualquiera que necesite ayuda. Más allá de su rol de raissonneur, Nolan es de carne y hueso, lleno de sentimientos, de emociones y de una lealtad incondicional hacia Emily. Todo eso lo convierte a él (y a su intérprete) en el personaje no-heterosexual más positivo del primetime.

Nolan y su "Ems"


Para el final dejo el plato fuerte. Con más de cincuenta años, Madeleine Stowe, se ve magnifica  en su aspecto físico e histriónico,  dando vida a un personaje muy alejado de los roles que la hicieran famosa en filmes como “El Ultimo Mohicano, “Cuatro Mujeres y un Destino, “La Hija del General” y “12 Monos”.  Se las ha arreglado para hacer a su Victoria sexi, pero trágica; cruel, pero capaz de sentir remordimientos.

Victoria es una hermosa, pero artificial fachada bajo la cual vive un ser atormentado. Para conseguirlo utiliza la actriz dos armas que delatan su verdadero yo. Aunque es capaz de sonreír, sus ojos siempre expresan un dejo de melancolía que pareciera decir que el personaje es incapaz de ser feliz. Por otro lado, aunque su nivel de discurso es refinado, instruido e  ingenioso, Madeleine mantiene (a menos que esté histéricamente furiosa) una atonalidad vocal que confiere a Victoria un aire de robot.
La famosa sonrisa


 Por ultimo, otra novedad de “Revenge” es ver como lo virtual se convierte en un arma  en esta guerra/vendetta. Recientemente vimos con Nolan le transmite (vía celular) a Aidan una huella dactilar de Pascal para poder abrir una bóveda y Victoria derrocó  a su nuera haciendo publico vía Internet que Emily fingió un embarazo para casarse con Daniel. 

Gracias a los factores mencionados "Revenge” ha sido todo un éxito logrando superar el rating implantado por “Lost” en el mismo horario. En este momento es la serie más taquillera de la ABC.  Si quieres ver el final de la Tercera Temporada, el Canal SONY presenta “Revenge” todos los lunes por el cable latino. 

domingo, 15 de junio de 2014

Cenicienta, Mugrosita y Condesa de Montecristo: ¿Por qué La Gata siempre engancha?


Que “Lo que la vida me robó”, con su heroína promiscua y violada, sea el nuevo hit de Televisa, no me sorprende. La pasan en horario peak y tiene una pareja idola conformada por  la muñeca gala Angelique Boyer y Sebastián (Slurp!) Rulli.  Pero que “La Gata” con su argumento recontra visto, casi increíble para la mentalidad contemporánea y en el peor horario haya alcanzado una sintonía de 19.7 puntos es remarcable y sorprendente. Me tuve que sentar a revisar la historia para darme cuenta por qué ese cuento de Inés Rodena siempre gozará del cariño del público.



Yo fui niña sin televisión. La gente todavía se asombra de que haya pasado mi octavo cumpleaños sin ser esclava de la tele. No era por falta de dinero, simplemente a mis padres no les atraía el medio. Eran cinéfilos, gustaban de obras de teatro, opera, y otros espectáculos de música clásica. Compaginaban su vida social con lecturas, y mi hermano y yo salimos lectores voraces. De vez en cuando nos preguntábamos que tal sería ser seguidores de “Batman” o “Rin tintín” como nuestros condiscípulos, pero no  extrañábamos un televisor que solo vinimos a conoce en 1968. Teníamos nuestros amigos, nuestros juegos, nuestros libros y comics, y teníamos radio.

La radio estaba en la inmensa cocina, en lo que entonces se conocía como “repostero” y hoy como “comedor de diario”. Ahí almorzábamos con el servicio,  y hacíamos las tareas escolares, todo al son de la radio que presentaba, a la par de música, programas dramatizados desde el terrorífico Doctor Mortis hasta radioteatros, los que los chilenos elitistas denominaban despectivamente “comedias” y eso que no tenían nada de cómico.

Como desde niña fui romántica empedernida, yo gozaba con estos predecesores de la telenovela, principalmente con uno de sobremesa que comenzaba con unos acordes de piano seguido por una voz que anunciaba dramáticamente: “¡Esmeralda, La Hija del Rio!” Qué sabía yo entonces  que se trataba del primer radioteatro escrito por una enfermera cubana llamada Inés Rodena.

Por muchos años creí que era obra del mejor guionista de Chile, Arturo Moya Grau (“Colorina”, “La Madrastra”). En realidad, Don Arturo se había limitado a trasladar la historia a las riberas de nuestro criollo Mapocho. Por mucho tiempo, al mirar por la ventana del auto a los niños mendigos del Mapocho, creía reconocer en ellos a La Esmeralda, alias “La Gata”, la heroína de este cuento.


Fue a fines de 1973, que TVN comenzó a pasar una historia llamada “La Gata”. Me bastó un solo capítulo para reconocer mi viejo y querido radioteatro. “La Gata” no fue la primera versión televisada de este dramón. Se la hizo primero en Venezuela, en 1968, luego en la Argentina donde se llamó “Ella, La Gata”.
En México la han filmado cinco veces: “La Gata (1970); “La Fiera “(1983); “Por un Beso” (2000) y ahora “La Gata” de Nathalie Lartilleux. Una versión libre se hizo hace poco en TV Azteca llamada “Pobre Diabla” que no tenía nada que ver con la historia homónima de Delia Fiallo, sino con una niña mendiga apodada “Diabla”...y ya conocen el relato.


En Venezuela se han hecho dos versiones, “Cara Sucia”  y  “Muñeca de Trapo”. Carla Regina se encargó de darle  vida a  la salvajita en “Seus Olhos”,  la versión brasileña. Es una historia inmortal y a La Gata, o La Fiera o La Diabla la han interpretado Victoria Ruffo, Natalia Esperón, Sonya Smith y ahora, Maite Perroni.
Sonya Smith y Guillermo Davila


En “La Gata” del 70, Esmeralda se llamó Renata Santa Cruz,  y le dio vida la española Maria Rivas (fallecida el año pasado) quien ya había sido la estrella mimada de las telenovelas de los 60’s protagonizando grandes éxitos como “Rosario”, “El Derecho de Nacer” y “Maximiliano y Carlota”. Mi único problema con la catalana era que se le notaban sus 39 años y que se veía bastante mayor que su pareja, Juan Ferrara  que por aquel entonces solo contaba con 27 años de edad. Pero el poder de la historia, el talento de Maria Rivas, y el placer de por fin ponerles rostros a personajes tan queridos, me atraparon.

Televisa entonces se llamaba Teleprogramas Acapulco y gozaba de un caudal actoral inmejorable, con lo mas granado del cine y las tablas mexicanos a su disposición. Asi pude apreciar talentos tan diversos como el de Doña Emma Roldán interpretando a Doña Tila (Rita en esta versión); Magda Guzmán como la amiga prostituta de la Gata, que en Chile se llamaba “La Gringa” y ahí era “La Jarocha. Mi compatriota Eduardo Arcaraz era “El Francés” y Norma Lazareno era la odiosa prima Mónica, rival de La Gata El recientemente desaparecido Sergio Bustamante daba vida a Mariano, el pedante hermano de Pablo, el protagonista. Y dos grandes de la actuación como lo fueron José Gálvez y Ofelia Guilmain (madre, en la vida real, de Juan Ferrara) encarnaban a los malévolos y arribistas Martínez Negrete, los suegros (a regañadientes) de La Gata.

Esa adaptación de “La Gata” era bastante fiel al radioteatro con algunos cambios que mejoraban la historia. Por ejemplo, había una serie de flashbacks que informaban al espectador de los orígenes de Renata, mostrándonos a su madre la cupletista Blanquita (interpretada por la misma Maria Rivas) en su romance y matrimonio con Femando, Marqués de Santa Cruz (Antonio Raxel) al que años más tarde conoceríamos como “El Silencioso” , ex presidiario y protector de La Gata. También veíamos como Las Martínez Negrete destruían la felicidad de la pareja, provocaban el encarcelamiento de Fernando y la muerte de Blanca.


Otra detalle que me pareció novedoso fue el romance entre Mariano y La Jarocha que redimía al soberbio cuñado de La Gata (en la comedia, él se casaba con la descartada Mónica). Debido a que era telenovela, la historia se alargó con  nuevas desdichas para la protagonista: le robaban a uno de sus gemelos, tenía un accidente, quedaba ciega, Pablo era acusado de asesinato, etc. En fin todos esos sucesos que solemos asociar con el culebrón fueron añadidos por la adaptadora, que recien me entero, era la misma Estela Calderón, autora de “Gutierritos” y “Pobre Clara”. Les quedó tan largo el cuento que no terminé de verla.

La versión más famosa de “La Gata”, que incluso eclipsaría a refritos posteriores fue “La Fiera” de 1983. Eso porque la protagonizaron VictoriaRuffo y Guillermo Capetillo, jovencitos y lindos como muñequitos de pastel de bodas. Fue en “La Fiera” donde mejor se distinguían los tres elementos que la han vuelto un clásico y que han inspirado a otros libretistas a imitarla.
Guillermo Capetillo y Vicky Ruffo


Sin “La Gata”, Inés Rodena no hubiese creado a otras mugrositas como “Maria la del Barrio” o “Marimar”. Sin La Gata, Carlos Romero no hubiera imaginado las tramas de “Rosa Salvaje” y de “Rubí Rebelde” cuyo argumento ha sido incorporado a esta versión actual. En la original, Doña Rita no tenía nieta ni Pablo tenía una hermana ciega. Un detalle novedoso de esta producción de Nathalie Lartilleux es la incorporación de la madre de La Gata que vive con ella en el jaral, solo que Esmerada ni se imagina que la loca Fela (Erika Buenfil) sea quien le dio el ser.
Fela y Esmeralda


Pero vamos a los tres factores que cimentan el éxito de la trama. Posee todos los atributos de un cuento de hadas; describe un amor muy puro y romántico, y por ultimo está la historia de venganza, de ese personaje émulo del Conde de Montecristo, el padre de La Gata. A todo esto se le añade un buen elenco, porque no ha habido versión que carezca de un excelente reparto de actores.

Dentro de la telenovela existen muchos subgéneros, pero el más popular siempre será el cuento de Cenicienta, la niña pobre que consigue casarse con el Príncipe Azul. En este caso entra una variante: Esmeralda es Cenicienta, peo también es la princesa heredera despojada de su reino.

Aun dentro del subgénero Cenicienta, existe una diversidad. Hay cenicientas criadas, obreras, campesinas y la mas popular “La Mugrosita”. Esmeralda fue creada por su autora como una mendiga desarrapada. Una de las causas de que “Por un Beso” no fuese tan popular, es que Natalia Esperón interpretaba a una chica limpia y menos primitiva. La Gata solo funciona siendo salvaje y puerca.
Natalia Esperón en "Por un Beso"


Para muchos críticos de la telenovela, es ofensivo tener, en estos tiempos, una heroína tan poco presentable. Es poco creíble que un “niño bien” se enamore de una cochinita que seguramente ha de oler mal. También se ve a estas Mugrositas, que ya existían en el cine de la Era de Oro y en el radioteatro, como una glorificación de la miseria de nuestra América Latina.

En realidad La Mugrosita tiene una vasta carrera literaria en idioma español. La vemos como Marisela en Doña Bárbara de Rómulo Gallegos y en la Marianela de Galdós. No la inventaron ni Inés Rodena, ni Yolanda Vargas Dulche en “Ladronzuela”, ni Delia Fiallo en Esmeralda”. En realidad, nace en el mundo anglo en la novela victoriana.  Esmeralda acusa un fuerte parecido con los huérfanos de Dickens.



Otra gran virtud de la historia es el romance. En la telenovela casi siempre el protagonista revela un comportamiento anti heroico, principalmente si es rico. Suele ser prepotente, machista y busca seducir ala a heroína. No es el caso de Pablo (Daniel Arenas) quien ama a Esmeralda con un amor inocente precisamente porque nace en la infancia.


Desde chico, Pablo es un héroe ideal, muy diferente a su esnob familia. Desconoce los prejuicios sociales, ve a La Gata como su igual, la protege de las ofensas de su hermano, se enfrenta a su madre empeñado en continuar su amistad con la pordiosera,  y hasta le enseña a Esmeralda a leer y escribir. Pablo acepta lo que los demás rechazan, quiere pulir a Esmeralda, pero no cambiarla totalmente.


A pesar del entorno materialista de Pablo, a pesar de las miserias que vive Esmeralda, ambos son puros e ingenuos Me atrevo a aventurar que  son vírgenes. De hecho, hacen el amor solo después de casados, un matrimonio que los padres de Pablo rápidamente anulan. Por su misma ingenuidad es que Pablo es tan fácil de manipular. Cuando regresa del extranjero, no pone en duda que Esmeralda se casó con “El Italiano” (Carlos Bonavides) y  que es amante de "El Silencioso".

Finalmente llegamos a este personaje, el más complejo en un cuento de personajes-tipo. Don Fernando de La Santa Cruz, como Edmond Dantes, lo perdió todo: buen nombre, familia, fortuna y libertad. A medida que desaparece en el laberinto carcelario, donde pierde su identidad llegando  a ser conocido nada más que por el apodo “El Silencioso”, sus enemigos, Los Martínez Negrete, se apoderan de todo lo suyo incluyendo su prestigio social.

Años más tarde, El Silencioso sale en libertad y se entera que su familia ha desaparecido, pero por otro lado, una herencia imprevista le da las armas para vengarse. La venganza de este Conde de Montecristo moderno no es sanguinaria como la de la Emily Thorne de “Revenge”. Quiere la justicia más básica: limpiar su nombre, y desenmascarar a los que provocaron su desgracia. Para vigilarlos, se compra una casa enfrente de Los Martínez Negrete.
El Silencoso se enfrenta a Agustín Martinez Negrete


Don Fernando conoce a La Gata, se conduele de su desdicha y la ampara, motivando todo tipo de rumores maliciosos. Cuando descubre que Esmeralda ha sido también victima de la insidia de sus enemigos, la integra a su plan de venganza que debería ser compartido por la ex mendiga, pero no es asi y ahí viene mi único reparo con el personaje.

Esmeralda es muy buena y eso la hace aburrida. No es una Marimar, ni una Betty, La Fea.  Con ella no van las venganzas y la justicia la deja en las manos divinas. Eventualmente, el personaje reprochará su padre su rencor y pasará a ser el punto débil de Femando, por donde Lorenza intentará debilitar a su enemigo. Bueno, eso en versiones anteriores, aquí siempre puede haber cambios.

Una ultima palabra sobre el más que apropiado elenco. Daniel Arenas sigue siendo el galán de las tardes mexicanas, con un rol un poco diferente al que hizo en “Corazón Indomable”. Erika Buenfil parece estar repitiendo papel, su “Fela” está muy similar a la loquita que interpretó en “Mar de Amor”. Destacan en el elenco, Manuel Ojeda y  Pilar Pellicer como Doña Rita. No asi Carlos Bonavides que ha hecho toda una caricatura (hasta la nacionalidad le cambiaron) de “El Francés”, un villano bastante oscuro.
Pilar Pellicer


A Laura Zapata le queda como anillo al dedo el rol de Lorenza simplemente porque se ha encasillado en ese papel. Siempre se la verá como la encarnación de la soberbia, parada al pie de una larga escalera de utilería, rechinando los dientes, escupiendo su odio contra “La Salvaje” llámese ésta Rosa, Maria Mercedes, Marichuy o Esmeralda.


Para el final dejo a Maite Perroni. Mi actriz favorita es incapaz de hacer un mal papel, pero hubiese deseado que le hubieran dado un hueso con más carne. Cualquiera puede dar vida a Esmeralda, no es un personaje multifacético. Y tras un par de telenovelas-fracaso como “Cachito de Cielo” y “El Triunfo del Amor” desearía volver a ver a Maite en roles con más enjundia y recovecos como los de Marichuy o la Lucrecia de “Mi Pecado”.


Para quienes la vimos en “Mujeres Asesinas”, está claro que Maite todavía no ha enseñado en telenovela toda su faceta histriónica. Por eso deseo verla pronto (aun en horario de sobremesa) con roles más complejos como el de “Simplemente Maria” o “Muchacha Italiana viene a casarse”.

Con todo lo dicho se entiende que una historia que en su momento fue seminal, pero que hoy puede ser vista como  anacrónica,  inverosimil, y elemental (por no llamarla trivial) atrape al público y llegue a tener un rating digno de telenovelas del primetime

domingo, 8 de junio de 2014

Grey´s Anatomy: Final de la decima temporada


El capítulo dedicado a la despedida de Cristina Yang de “su” hospital, el Sloan-Grey Memorial, tuvo todo lo que necesitaba para se un digno (y explosivo) final de temporada que selló la partida de su mejor personaje. Pero también este episodio, titulado "Fear" (Miedo), dijo adiós a dos residentes, y presenciamos las crisis de parejas de la protagonista y de las siempre aproblemadas Callie  y Arizona. Pero tal vez lo mejor han sido los cliffhangers que  nos dejan esperando octubre con ansias.

Tal como a los personajes de la serie, me parecía inconcebible que Yang se marchara, pero ya Sandra Oh había manifestado su decisión de alejarse de la serie que la convirtió en estrella. Aun asi, ni Cristina ni sus compañeros, ni Servidora, estábamos muy seguros de que tomaría ese avión a Zúrich. La misma serie jugó con nuestros sentimientos haciéndonos creer que la Dra. Yang había fallecido en la explosión en el Mall que tuvo en vilo al hospital con una avalancha de heridos, y al país puesto que inicialmente se sospechó que había sido un atentado terrorista.


Justo Cristina había ido a ese mall y Owen Hunt creyó que la había perdido para siempre. (Zúrich queda más cerca que el Cielo de los Ateos). Tremenda actuación de Kevin McKidd que se las arregla para transmitir su angustia sin dejar de ser el profesional acostumbrado a lidiar con crisis médicas. Eso si, le contagia  su aprensión a Alex. Todo un espectáculo ver a nuestro cínico en residencia conmoverse al reencontrarse con Cristina. Por algo ella le deja la mejor recompensa, sus acciones y un puesto en la junta del hospital.


Tenia un poco de miedo a las despedidas, aunque siempre supe que Meredith y su “person” se despedirán con un de sus famosos bailes. El abrazo que Cristina le dio a Bailey fue insuperable, porque ambas doctoras se caracterizan por ser poco demostrativas. Y me encantó que a último momento Ross se colara en el equipaje de su mentora. Nunca los vi como pareja y me molestó que Yang se aprovechara de su subalterno para convertirlo en objeto sexual. Pero ambos aprendieron algo de ese error, y es que su relación siempre será de maestra y alumno y no deben separarse.

Mi mayor ansiedad era por la despedida de Yang y su ex marido. Temía que la hicieran muy cursi o muy fría. Shonda Rimes y su equipo lo solucionaron brillantemente evitando diálogos, permitiendo que ambos actores utilizaran nada mas que la mirada  y gestos en una despedida a través de un cristal mientas Owen está en medio de una cirugía. Les quedó emotiva y preciosa.


Aunque no puedo imaginarme Grey´s Anatomy sin Cristina Yang, no olvido que hay otros cirujanos que merecen y atrapan nuestra atención. Vamos a ver donde quedaron.

Mi pareja favorita, Los Avery, fue lo más flojo de la noche. Estuvo chistoso que la primera persona en el hospital en enterarse de que Jackson va a ser padre sea su ex Stephanie, pero lo emocionado que estaba él al asistir a su primer parto sonó un poco artificial. Casi tanto como la nueva “amistad” entre Catherine y April.

Que April se esconda a llorar en un armario es parte de su personalidad. Que Catherine Avery se ponga a atender heridos durante una crisis nos recuerda que es medico. Que nos haga saber que no siempre fue la mujer poderosa que conocemos, y que alguna vez estuvo expuesta al racismo del Viejo Sur, es una manera de humanizarla.  Pero de ahí a que consuele maternalmente a su nuera y le diga “sweetheart” sonó totalmente fuera de carácter. La pragmática y dominante Catherine debería haberle recordado a April que es una Avery y que los Avery no lloran. Quería mas tensión entre ese par, no que se solucionara tan rápido el conflicto entre suegra y nuera.

Lo que si me gustó fue ver a April dilatando el momento de ponerse el delantal anti radiación (no quería exponer a su bebé a rayos X pero tampoco quería contarle a nadie lo de su embarazo). El modo en que se niega fue tan abrupto como el modo en que Callie descubre instantáneamente la causa tras la negativa. Ver a Callie llorar cuando April le muestra la foto de su sonograma, nos recodó su tragedia. Calíope Ifigenia Torres ha vivido queriendo tener muchos hijos, y saber que ni ella ni su compañera pueden ser madres es un golpe terrible.















También me gustó el sutil modo (fue un capítulo lleno de sutilezas) en que Arizona descubre que Callie no se ha resignado a no tener más hijos. Esperemos que lo de la madre sustituta les traiga un rayo de esperanza. Apuesto a que Stephanie será la del vientre de alquiler.

La última osadía de Miranda Bailey (pensar que un día era ella la que castigaba a los osados) tuvo un final feliz, pero pudo no tenerlo. Tanto ella como Stephanie pusieron sus carreras en peligro y el niño pudo morir. Me preocupa ese mensaje de que los médicos pueden/deben decidir sobre la vida de sus pacientes, y de que en caso de ser el paciente un menor, el facultativo puede/debe pasar por sobre la decisión de padres y tutores. Eso solo se hace cuando existe sospecha de abuso, no era este el caso. Ni Bailey ni Stephanie estaban seguras de que su tratamiento experimental daría el resultado esperado.


Sin embargo, Bailey no se muestra arrepentida. Ni siquiera el saber que lo que hizo por razones humanitarias la ley lo ve como una agresión la hace cambiar de actitud. . Por eso me parece justo castigar su arrogancia destruyendo su sueño de ocupar el sillón que Yang ha dejado vacio en La Junta.

Ver regresar a Leah al hospital de donde fue despedida, sin rencores ni falsos orgullos, dispuesta a ayudar en un momento en que están colapsados los servicios médicos, se vio tiernísimo. Casi tanto como el momento preciso en que comprende que ya está de más y se marcha sin despedidas lacrimógenas ni reproches.


He dejado para el final a la protagonista. Meredith se pasó la hora tratando de embarcar a su amiga rumbo a Suiza. Únicamente cuando ya Cristina estuvo fuera de su vida es que Mer reaccionó y tomó una decisión que aunque a Derek le parezca egoísta, es la acertada. Ella no se va a mudar. Seattle es su tierra,  donde están sus raíces. El Sloan-Grey Memorial es su segundo hogar, su casa ancestral puesto que lleva su apellido, el de su madre y de su hermana. Y eso que Meredith todavía no sabe que tiene otra hermana trabajando en el mismo hospital.



Muchos dicen que inventarle otra hermana a la Dra. Grey es telenovelero, por no decir rebuscado. Yo lo encuentro perfectamente plausible. Una relación clandestina tan longeva y apasionada como la sostenida por Richard y Ellis Grey por fuerza tiene que haber tenido un desliz en el uso de anticonceptivos. Aparte que una mujer tan desordenada en su vida sentimental como lo fue Ellis puede haberse descuidado. No iba abortar puesto que amaba a Richard, pero tampoco iba a cargar con otra hija, para colmo ilegitima y mulata.


Todo coincide y me encanta la idea de que el Dr. Webber finalmente tenga una hija biológica. ¿Cómo lo tomará Catherine? En cuanto a Meredith, no va a ser muy distinto a como fue con Lexi. Frialdad y resentimiento al comienzo, luego gran cariño.  No estoy diciendo que Maggie sea Lexi. Nunca habrá otra "Little Grey", como nunca mas habrá otra Cristina, pero Maggie puede ser la nueva “person” en la vida de Meredith.

domingo, 1 de junio de 2014

Jane Seymour: Reina de las miniseries (Televisión del ayer)


La calidad de sus histriones le ha ganado a  la televisión inglesa una reputación de ser superior a la estadounidense. Lo que explica el que hoy los actores británicos brillen en ambas pantallas y que series norteamericanas se enriquezcan con la presencia de Damian Lewis, Kevin McKidd, James Purefoy y David Morissey, pero no hay muchas actrices inglesas en la pantalla chica. Por eso se vale recordar a una chica de Middlesex que en las últimas tres décadas del Siglo XX reinó en las miniseries estadounidenses y llegó a tener su propio show de televisión.

Hace un mes, comencé a planear una cadena de entradas sobre mis miniseries favoritas y me sorprendió encontrar un elemento común, varias de ellas incluían a Jane Seymour en el reparto. Luego comencé a planear otra ristra de entradas sobre actores ingleses que triunfaron en la televisión norteamericana y nuevamente surgió el nombre de la intérprete de la Doctora Quinn. Consideré esa coincidencia como una señal para hacerle un homenaje en vida.

A medida que recopilaba datos sobre la actriz caía en cuenta de la extensión de su carrera. Miss Seymour triunfó en cine y en televisión, fue considerada un símbolo sexual, y también mereció premios por su talento actoral. Por ultimo, un detalle autorreferente,  Jane Seymour  fue una de mis idolas y  tuvo una tremenda influencia en mi zona capilar, ya que una de sus características más notables ha sido su larguísima y bien conservada cabellera.


Joyce Penelope Wilhemina Frankenbeger nació un 15 de febrero de 1951 en Hayes, el condado de Middlesex, en Inglaterra. Es hija de un obstetra judío y de una holandesa protestante. Tuvo una infancia y adolescencias típicamente normales. A los 18 años debutó ´en un pequeño papel en “Oh What a Lovely War”, una parodia de la Gran Guerra, dirigida por quien iba ser su suegro, Sir Richard Attenborough. Ya para entonces la debutante había elegido como nombre artístico el de la más olvidada de las esposas de Enrique VIII.

Ese mismo año, la ahora Jane Seymour se casa con Michael Attenborough. Bajo el ala de su familia, Jane sigue haciendo apariciones en televisión y en cine. Su suegro la dirige como Pamela Blowden, el primer amor de Churchill en su “Young Winston”. Ya los productores descubren que Jane (como Keira Knightley hoy día)  es idónea para roles de época.
Como Pamela Plowden


1973 será un año que marque la carrera de la actriz. Jane se divorcia e interpreta a Solitaire, una de las mas carismáticas “Chicas Bond”, en “Live and Let Die”. La virginal tarotista sigue siendo mi “Bond Girl” preferida, pero me tomaría un par de años conocerla, tal  como a su Princesa Farah en otra de esas inmortales contribuciones de Roy Harryhausen,  “Sinbad y el Ojo del Tigre”. Solitaire y Farah  me llegaron a través de la televisión y para entonces el rostro de la futura diva me era familiar.
Como Solitaire


La primera vez que la vi fue en la primavera de 1977, en una miniserie, el formato fílmico favorito de Jane Seymour. En Los 60’s y 70’s reinaba en la literatura popular un tipo de edición de bolsillo correspondiente a un subgénero, cruce entre Harold Robbins y Mario Puzo, que en mi escuela catalogábamos como “Los judíos-también-pueden-ser-promiscuos”. Seventh Avenue de  Norman Bogner es un ejemplo de esa literatura.


La novela narra la saga de un Ceniciento llamado Jay Blackman que en los años 30’s intenta hacer  fortuna en la industria del vestido (La Séptima Avenida se conoce como “El Distrito de La Aguja”). Su objetivo  lo lleva a enfrentarse a rivales, mafiosos, y sindicatos. Por supuesto, que su ascenso al poder va puntualizado por escalas en la cama de diferentes mujeres.

El libro fue un bestseller y la NBC y Universal la convirtieron en miniserie. Jane interpretaba a  Eva Meyers,  una ambiciosa diseñadora que inicia un tórrido affaire con Jay a pesar de estar ambos casados. Cuando ,después de cinco años juntos, él sigue sin divorciarse, Eva desciende una espiral que la llevará a tener otro amante, a caer en el alcohol y ser victima de todo tipo de abusos. Pasan los años, se rehabilita, Jay finalmente quiere divorciarse, pero un mafioso mata a Eva antes que pueda ser feliz.
Como Eva


Aunque la serie no fue un éxito, para mi la imagen de Jane Seymour en la sofisticada moda de los 30’s y 40’s capturó mi imaginación totalmente. Casi tanto como una escena en la que el marido descubre a Eva en brazos de Jay. La imagen de Jane envuelta en una bata de seda rayada con el cabello hasta las rodillas me convencía  que no había una mujer más bella en el mundo y que  mi deber era  tratar de verme como ella. (¡Seguro!). Tanto era mi deseo de parecerme a Jane Seymour que permití que mi madre me hiciera un peinado alto como el de Eva. Como Mi Ma es una gran creyente en “Para ser bella hay que ver burros y estrellas”, dejar mi cabeza en sus manos casi constituye abuso infantil.

Tras “Séptima Avenida”, Jane Seymour siguió conquistando al público en todo tipo de pantalla. Interpretó a la heroína de la versión de los 70‘s de “Las Cuatro Plumas” (y se veía mas linda que Kate Hudson en el mismo papel). Para la televisión americana trabajó en otras dos exitosas miniseries de época, la saga del Oeste “The Awakening Land” y la adaptación del bestseller de Taylor Caldwell, “Captains and Kings”. Entretanto, y fiel a una profecía hecha por una adivina, se embarcó en nuevos matrimonios. Su unión con Geoffrey Planer no alcanzó a durar un año. En 1981 se casó por tercera vez. El afortunado rea David Flynn, hombre de negocios y corredor de propiedades.

En 1980, la actriz estelariza junto a Christopher Reeves  una fantasía llamada “Somewhere in Time” ("Pide al tiempo que vuelva"). Reeves da vida a un escritor que posee la facultad de viajar en el tiempo hasta el siglo XIX donde conoce a su musa y gran amor encarnado en una Jane Seymour exquisita en trajes de la Belle Epoque. A pesar de la aclamación de la critica por su etérea Elise McKenna, Jane reconoce que la televisión es el mejor medio para lucir  sus atributos físicos e histriónicos y en 1981 protagoniza la miniserie “Al Este del Edén”, basada en la mejor novela de John Steinbeck.
Como Elise McKenna


Este proyecto de la ABC es todo un desafío. Nace bajo la sombra del clásico de James Dean de 1951. El  libretista Richard Shapiro decide volver al original y no canalizarse solamente en la historia de hermanos rivales. Asi la miniserie comienza en Connecticut, en los años posteriores a las Guerra de Secesión. Janes  da cátedra de actuación con su Cathy Ames que, en las palabras de Steinbeck, es una chica “con alma deforme”.


A los 16 años, Cathy incendia su casa, quema vivos  a sus padres y huye a caballo hasta encontrar refugio en la granja de los Trask. Ahí pronto se convierte en la manzana de la discordia  provocando la rivalidad entre el  brutal Charles Trask (Bruce Boxleitner) y  su hermano, el tímido Adam (Timothy Bottom). Será Adam quien se lleve a Cathy al otro lado del país, al condado de Salinas en California.

 Cathy da luz a los gemelos Araron y Caleb. Aunque es evidente que no ha nacido para esposa y madre, y que es posible que esté trastornada, el enamorado Adam se niega a reconocer que su mujercita es capaz de cometer todos los pecados del decálogo. Adam es el único sorprendido cuando Cathy huye a Monterey donde se convierte en la regenta de un burdel.

 Los gemelos crecen y se convierten en los  émulos del Caín y Abel bíblicos. Aaron (Hart Bohcner) es el predilecto del padre, pero será el despreciado Cal (Sam Bottom) quien descubra que su madre vive y se dedica al oficio más antiguo del mundo. La transición de Jane de adolescente desquiciada a una madame dura y ambiciosa es hecha a la perfección, sin perder ella un ápice de su belleza ni esa capacidad de aterrorízarnos con su ilimitada crueldad.


Por este rol, Jane Seymour ganó un Globo de Oro y la corona de “reina de las miniseries”. Terminado el rodaje de “East of Eden” la actriz se tomó un descanso y el derecho de ser madre por primera vez. Jane dedicó todo su tiempo a su embarazo y al cuidado de su hija Katherine a la que amamantaba ella misma. Pero detuvo este proceso cuando llegó el turno de aspirar al protagónico para otra miniserie épica, la adaptación de El Pájaro Espino de Colleen McCullough. A pesar de que había dejado de darle pecho a Katherine por varias semanas, la leche regresó en el momento menos oportuno, ¡justamente cuando hacia casting para el rol de Meggie Cleary! Jane quedó fuera del proyecto y Rachel Ward dio vida a Meggie.

La actriz se consoló cosechando más éxito como Marguerite de St Just,  la esposa de La Pimpinela Escarlata en la adaptación del clásico de la Baronesa Orczy. El rol del noble inglés que rescata aristócratas camino a la guillotina le tocó a Anthony Andrews, recién salido de su éxito en “Brideshead Revisited”.


Fue en esa década de miniseries épicas que comenzó a correr el rumor de que alguna cadena de televisión se atrevería a adaptar Lo que el Viento se Llevó a la pantalla chica. Incluso se hicieron encuestas para ver quienes reinterpretarían a Scarlett y Rhett. Los ganadores fueron Pierce Brosnan y (por supuesto) Jane Seymour.



Yo ya los veía en esos papeles, y creo que ella se sentía un poco Scarlett. Es evidente que su look en un comercial de perfume  del '84 está inspirado en la novela de Margaret Mitchell (y si, en los 80's yo usaba Le Jardin). El proyecto nunca se llevó a cabo, aunque en los 90’s volvió a barajarse el nombre de la Seymour para protagoniza la miniserie “Scarlett” que al final quedó en manos de Joanne Whalley.

Los 80’s, verán a Jane estelarizar una serie de éxitos televisivos. Brilla en una adaptación de “El Fantasma de la Opera” junto a Maxmilian Schell; se atreve a salirse de un marco de period pieces para encarnar a una mujer atormentada por un fantasma en “The Haunting Passion”. Arriesga comparaciones con divas del cine como Maureen O’Hara y Olivia de Havilland, reviviendo sus roles como las gemelas en un refrito de “Dark Mirror”;  y como la dieciochesca campesinita que cae en un nido de contrabandistas en la adaptación a la pantalla chica del bestseller de Daphne Du Maurier, La Posada de Jamaica.

En "The Haunting Passion"


En el cine no le va también y aunque se atreve a filmar un desnudo parcial, su “Lassiter” junto a Tom Sellek es un fracaso, a pesar de que Jane como siempre se ve exquisita en un Berlín del Tercer Reich luciendo modas de la época. En 1984, Jane Seymour confirma su papel de Reina de las Miniseries interpretando a Lady Brett Ashley en una adaptación de The Sun Also Rises.

En "Lassiter"

Como Lady Brett Ashley


Esta miniserie fue blanco de críticas por tomarse libertades con la novela de Hemingway, pero nadie critica a Jane Seymour por encarnar notablemente el espíritu de la promiscua, pero sentimental heroína. Su química con Hart Bochner (quien había sido su hijo en “Al Este del Eden”) es impecable y como siempre la actriz lució divina en vestuario de Los Locos 20’s.

Tras tomarse un tiempo para dedicarse a su segundo hijo, Jane Seymour volvió a la carga. El final de la década la vio en múltiples facetas. Como secundaria en una adaptación de Crossings de Danielle Steele; como La Duquesa de Windsor en “The Woman He Loved, como una pintora victoriana de romance con un policía (Sir Michael Caine) que persigue a “Jack, El Destripador” y hasta en Buenos Aires, interpretando a María Iribarne, la heroína de El Túnel de Ernesto Sábato.

Como La Duquesa de Windsor

Como María Iribarne

En 1988, Jane Seymour recibe un Emmy por interpretar a Maria Callas en una miniserie sobre la vida de Aristóteles Onassis. Aunque su interpretación de la diva es impresionante, a muchos les sorprendió que recibiera galardones por esae papel y no por su siguiente miniserie, “War and Remembrance” (Fue nominada tanto al Emmy como al Globo de Oro).
Como María Callas


En 1982, Dan Curtis y la Paramount se habían unido para la monumental tarea de llevar a la pantalla chica Winds of War, la obra maestra de Herman Wouk, por muchos considerada el equivalente a La Guerra y la Paz de la Segunda Guerra Mundial. Esta exitosísima miniserie, muy apegada al libro, mostraba las aventuras de los Henry, una típica familia americana (una típica familia militar) cuyos miembros se ven desperdigados por el globo terráqueo antes y al comienzo del más importante conflicto bélico del Siglo XX.

Robert Mitchum daba vida al patriarca, El Comandante Victor Henry; Jan Michael Vincent era su hijo Byron quien encontraba el amor y el sentido del deber en una Europa al borde de la guerra; y Ali MacGraw era la expatriada yanqui (y judía) que finalmente consigue hacerlo madurar y convertirse en esposo y padre. Admito que ni Jan Michael ni Ali me gustaban en los roles de Byron y de Natalie Jastrow y desee que otros los hubiesen interpretado.


Cuatro años después que la ABC presentara “Los Vientos de la Guerra”, comenzó a filmarse su secuela “War and Remembrance”, pero el elenco había cambiado. Afligido por el cáncer, John Houseman daba paso a Sir John Gielgud para encarnar a Aaron Jastrow, famoso escritor judeo-americano, cuya negativa de abandonar la Italia de Mussolini lo lleva a firmar su propia destrucción. El alcoholismo de Jan Michael Vincent  obligaba a los productores a reemplazarlo por Hart Bochner para el papel de Byron, ahora un oficial de la Marina estadounidense destacado en el Pacifico.
Jane y Sir John
Jane y Hart Bochner






Jane como Natalie Jastrow Henry

















Ali McGraw había sido muy criticada por su interpretación de Natalie Jastrow. Fue un alivio para los amantes de la saga de Wouk saber que no repetiría su papel en la secuela debido a que se veía muy mayor para hacer de Natalie. Se dice que Dan Curtis le pidió tres veces a Jane Seymour que se metiera en los tacones de la Jastrow y que solo a la tercera la diva aceptó. Sin embargo, la Wikipedia cuenta que fue Jane quien hizo campaña para ese rol. Me parece raro, Jane estaba ocupadísima esos años, es mas que posible que haya declinado trabajar en “War and Remembrance” hasta que la convencieron de hacerlo.

El hecho es que no me imagino a Natalie con otro rostro que el de Jane Seymour. Ali había creado una Natalie un poco desfachatada, demasiado tranquila en momentos de peligro, sobre todo en sus escenas con los Nazis. En “War and Remembrance” el personaje de Natalie es sometido a experiencias espeluznantes y no concibo a Ali McGraw logrando conmoverme como lo consiguió su reemplazante.


“War and Remembrance” fue la última gran miniserie de los 80’s, no tuvo el éxito esperado y se gastó en ella mas de lo previsto, pero sigue siendo una historia imponente, una miniserie de culto y a mi parecer,  el mejor trabajo de Jane Seymour. No podría describir todas las fantásticas escenas que me vienen a la memoria y solo puedo contarles que llore a mares en un momento increíble, dado mi admiración y la de todos sus fans por su larga cabellera.

Me refiero a la llegada de Natalie a Auschwitz en que debe someterse a un corte de pelo al rape obligatorio para todas las prisioneras. De solo verla calva y observar como caía al suelo mechones de su larga cabellera, yo chillaba  más que el personaje. Solo recientemente vine a enterarme que entre utilería y efectos especiales consiguieron hacernos creer que realmente  habían rapado a Jane Seymour.


Confirmando su relevancia en el formato de miniseries, Jane Seymour fue contactada por la televisión francesa para una miniserie gala. En 1989, interpretó a la desdichada Marie Antoinette en “La Revolution Française” una serie de lujo creada para conmemorar el bicentenario de La Caída de La Bastilla. Ahí la actriz tuvo el gusto de trabajar con sus hijos, Katherine y Sean, quienes dieron vida al Delfín y a Madame Royale.



“War and Remembrance” fue el canto del cisne y el fin del reinado de Jane en las miniseries. En 1991, su tercer matrimonio fracasó. Convertida en madre soltera de dos hijos, la actriz comenzó a aceptar una serie de papeles en filmes bastante mediocres. Ya parecía que su carrera estaba acabada cuando en 1993, la CBS le ofreció algo totalmente nuevo: su propia serie de televisión.


Toda una nueva generación conocería a Jane Seymour como la refinada solterona bostoniana, que huyendo de prejuicios, parte a practicar la medicina en El Lejano Oeste. Jane Seymour estuvo fantástica como Michaela Quinn, quien apenas llegada a Colorado Springs es obligada a montarse en un caballo, hereda tres hijos, y conoce al hombre de su vida, mientras lucha por convencer a un pueblo machista que es su única esperanza de mantenerse sano.




La serie de Beth Sullivan sirvió para variar nuestra imagen del Far West enfocándolo ahora desde la perspectiva de las mujeres y otras minorías. La Dra. Mike era en muchos sentidos una adelantada para su época. Eso sin dejar atrás su refinamiento y su virtud victoriana, llegando a perder su virginidad solo en su noche de bodas tal como lo exigía la etiqueta decimonónica.

Salpicada de personajes interesantes y de famosas estrellas que se peleaban por hacer cameos en una serie que gozaba de altísimos ratings, "Dr. Quinn, Medicine Woman" volvió a elevar a su protagonista al rol de súper estrella. Por seis años vimos a la Dra. Mike vivir todo tipo de aventuras, correr diversos peligros, enfrentarse a desafíos médicos y morales, y convertirse en esposa y madre de una hija biológica a la par de criar tres hijos adoptivos En cuanto a la vida personal de la actriz, tras un breve y publicitado romance con Joe Lando su coestrella, encontró estabilidad en su matrimonio con James Keach (se divorciaron el año pasado) y añadió un set de mellizos a su prole.
(popmatters.com)


Aun después de cancelada, “Dr. Quinn” motivó dos filmes hechos para televisión en 2000 y el 2001. La gente no se cansaba de verla. Se ha vuelto una teleserie de culto cuyas reposiciones siguen gozando de alta sintonía. Fue un cierre digno para la carrera de Jane Seymour. Aunque sigue activa en cine y televisión, nunca más ha alcanzado ese rango que le dio la edad dorada de las miniseries. Sin embargo ver cualquiera de esas actuaciones mágicas nos recuerda el motivo por el que se la llamó “La Reina de las Miniseries”.

Para los que tienen acceso al cable Latino, “Dra. Quinn, La Mujerque Cura” puede verse diariamente por TMC.